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Manny Pacquiao
Llama a una generación cristiana a dejar de postergar la evangelización
La leyenda filipina del boxeo Manny Pacquiao, hoy convertido en evangelista, hizo un llamado directo a miles de líderes cristianos reunidos en Manila: la vida es demasiado breve como para vivir una fe pasiva.
Durante la noche inaugural del Congreso Arise Asia 2026, Pacquiao instó a los creyentes a asumir la evangelización con intencionalidad, oración y metas concretas, recordando que la misión de compartir el Evangelio no puede quedar reducida a una idea general o a un deseo abstracto.
El ex campeón mundial de boxeo en ocho categorías habló ante unos 4.000 participantes de más de 50 países, reunidos bajo el lema “Por el gozo”, basado en Hebreos 12:2.
Pacquiao, quien también se desempeñó como congresista y senador en Filipinas, fue nombrado recientemente evangelista internacional por el Consejo de Iglesias Evangélicas de Filipinas.
De los vicios a la Palabra de Dios
En su mensaje, Pacquiao compartió parte de su testimonio personal y recordó que su vida no siempre estuvo marcada por la fe.
Según relató, antes de entregar su vida a Cristo era conocido por una vida atravesada por vicios como la embriaguez y el juego.
“Muchos vicios: embriaguez, juego, cosas por el estilo. Yo vivía así”, afirmó.
Pero, según explicó, todo cambió cuando Dios transformó su corazón, le dio convicción y él decidió rendirse a Jesucristo como Señor y Salvador.
“Cuando Dios cambió mi corazón y me dio convicción, y entregué mi vida a Jesús y lo acepté como mi Señor y Salvador, entonces obedecí”, dijo.
Su testimonio fue presentado no como una historia de superación personal, sino como evidencia de una vida redimida que ahora busca servir a Cristo.
Metas espirituales concretas
Uno de los ejes más fuertes del mensaje fue la necesidad de establecer metas espirituales.
Pacquiao citó la Gran Comisión de Mateo 28:19-20 y llamó a los creyentes a traducir ese mandato en acciones concretas.
Para el ex boxeador, la pregunta no es simplemente si un cristiano “cree” en la evangelización, sino si está haciendo algo real para alcanzar a otros.
“Deberíamos fijarnos una meta en nuestra vida cotidiana: cuántas almas nos proponemos llevar al Reino de Dios en un año”, afirmó.
Luego propuso un ejemplo sencillo: comenzar con una meta alcanzable, como llevar dos personas a Cristo en un año, y luego aumentar ese compromiso.
“Mi objetivo para este año es llevar dos almas al Reino de Dios. Solo dos. Y el año que viene, tal vez pueda llevar cinco”, expresó.
El planteo de Pacquiao no buscó convertir la salvación en una estadística fría, sino despertar responsabilidad espiritual. Para él, cada cristiano debería preguntarse cuántas personas está intentando acercar a Jesús durante su vida.
La vida es breve
Pacquiao vinculó su llamado evangelístico con una verdad bíblica esencial: la brevedad de la vida.
Comparó la existencia humana con una neblina matinal que aparece por un momento y luego desaparece.
Desde esa perspectiva, preguntó a los presentes cuántas almas llevarán al Reino de Dios durante su paso por la Tierra.
Para el evangelista filipino, esa debería ser una cuestión fundamental para todo cristiano.
Su mensaje apuntó a romper con la comodidad espiritual. No basta con asistir a reuniones, conocer doctrinas o identificarse públicamente como creyente. La vida cristiana debe expresarse también en obediencia, misión y amor por los perdidos.
El peligro de creerse suficiente
Pacquiao también habló con firmeza sobre el orgullo espiritual.
Advirtió que uno de los mayores obstáculos para la salvación es asumir que una persona es lo suficientemente buena para ir al cielo.
“El mayor impedimento para que una persona sea salva es asumir que uno es lo suficientemente bueno para ir al cielo”, afirmó.
Desde una mirada bíblica, Pacquiao señaló que nadie puede sostenerse delante de Dios por sus propios méritos. La salvación no nace de la autosuficiencia humana, sino de la gracia de Cristo.
También advirtió que muchos creyentes se debilitan espiritualmente porque descuidan disciplinas básicas como la lectura de la Biblia y la oración.
Según dijo, hay cristianos que retroceden en su fe, se desvían y terminan comprometiendo sus convicciones porque no permanecen firmes en la Palabra de Dios.
Biblia, oración y resistencia espiritual
Pacquiao animó a los participantes a leer la Biblia día y noche y a memorizar las Escrituras como una disciplina fundamental.
Para él, el creyente no puede enfrentar las pruebas de la vida únicamente con fuerza humana.
Cuando llega la tentación, el cansancio, la presión o la persecución, la fortaleza verdadera debe venir de Dios y de una vida arraigada en Su Palabra.
“Los animo a leer la Biblia día y noche y a memorizar las Escrituras; así es como se fortalecerán”, dijo.
Su exhortación fue directa: una fe sin oración constante y sin Escritura termina volviéndose vulnerable.
Una fe que se nota en el carácter
El ex boxeador también cuestionó un tipo de cristianismo que se mide solo por conocimiento, pero no por transformación.
Advirtió que incluso el conocimiento sobre Dios puede alimentar el orgullo si no produce humildad, amor y obediencia.
Para Pacquiao, la fe verdadera debe verse en la conducta diaria: en la manera de tratar a los demás, de ayudar, de comunicarse y de humillarse por amor al prójimo.
“La vida de la que hablo es la manera en que tratas a los demás, cómo te presentas ante ellos y cómo los ayudas”, afirmó.
Según dijo, ser cristiano implica convertirse en una inspiración para otros, no por fama, logros o reputación, sino por una actitud marcada por humildad, servicio y amor.
Un llamado a predicar sin temor
Pacquiao cerró su participación orando por los delegados y pidiendo a Dios que recibieran sabiduría, conocimiento y entendimiento para predicar la Palabra con valentía y sin temor.
Su mensaje en Arise Asia 2026 dejó una exhortación clara para líderes, pastores, jóvenes y creyentes de distintas naciones: la evangelización no puede seguir esperando.
En una generación marcada por distracciones, comodidad espiritual y temor al rechazo, Pacquiao llamó a volver al mandato de Cristo con una pregunta sencilla pero profunda: ¿a quién estamos intentando alcanzar con el Evangelio?
Para el ex campeón mundial, la vida cristiana no se mide por aplausos, títulos ni victorias humanas, sino por obediencia a Jesús.
Y la mayor victoria no ocurre sobre un ring, sino cuando una vida es alcanzada por Cristo y trasladada de muerte a vida.








