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Michael W. Smith

Advierte a los líderes de alabanza: “No fuimos llamados a ser celebridades”

Después de más de cuatro décadas de carrera, millones de discos vendidos y canciones que marcaron a generaciones de cristianos, Michael W. Smith afirma que uno de los mayores peligros para quienes lideran la adoración puede esconderse precisamente detrás del éxito: la atención, los aplausos y la fama.

El reconocido músico cristiano, de 68 años, ha vendido más de 15 millones de álbumes, ganó cuatro premios Grammy, más de 45 premios Dove y compuso o grabó decenas de canciones que llegaron al número uno. Temas como “Friends”, “Place in This World” y “Agnus Dei” forman parte de la memoria espiritual de millones de creyentes.

Sin embargo, Smith sostiene que la adoración enfrenta un riesgo serio cuando la figura del cantante o líder se vuelve más visible que el Dios a quien se supone que está guiando a adorar.

“Creo que debemos tener cuidado de que esto no se convierta en algo impulsado por el afán de fama”, advirtió.

Cuando el adorador ocupa el centro

Smith señaló que, aunque muchos líderes de adoración afirman hacer todo para Dios, las redes sociales muchas veces revelan una cultura demasiado centrada en la propia imagen.

Sin señalar a personas específicas, el músico reconoció que la adoración moderna puede haber perdido parte de su reverencia.

Su advertencia no nace desde afuera, sino desde la experiencia de alguien que conoce muy bien el peso de los escenarios, los aplausos y la admiración del público.

Smith recordó una frase que le dijo años atrás su amigo y también líder de adoración Michael Olson: “El Señor no comparte su gloria con nadie”.

El impacto de esas palabras fue profundo.

“Cuando dirigimos la adoración, no se supone que debamos ser celebridades. Honestamente, se supone que debemos desaparecer”, afirmó Smith.

Para él, el objetivo del líder de adoración no es construir una marca personal ni convertirse en el centro de la experiencia espiritual, sino crear un ambiente donde las personas puedan encontrarse con Dios.

Una película para recordar himnos que marcaron a la Iglesia

Esa misma convicción atraviesa “House of Worship”, un nuevo evento cinematográfico que llegará a más de 400 salas de cine a partir del 23 de agosto.

La producción, presentada por The Fuel Music y Ori Music en asociación con K-LOVE y Air1, reúne a 25 artistas y compositores cristianos para volver a interpretar canciones que ayudaron a dar forma a la adoración evangélica moderna.

Michael W. Smith y la reconocida líder de adoración australiana Darlene Zschech son productores ejecutivos del proyecto.

El elenco incluye a figuras como CeCe Winans, Kari Jobe, Cody Carnes, Naomi Raine, Matt Redman, Israel Houghton, Paul Baloche, Brian y Jenn Johnson, Charity Gayle y Hillary Scott, entre otros.

La filmación se realizó en un escenario central de 360 grados en World Wide Stages, en Spring Hill, Tennessee, con artistas de distintas generaciones adorando juntos.

Canciones que atravesaron generaciones

Entre los momentos destacados de la película, CeCe Winans acompaña a Darlene Zschech en “Shout to the Lord”; Matt Redman y Hillary Scott interpretan “The Heart of Worship”; Tim Hughes y Cody Carnes retoman “Here I Am to Worship”; y Smith canta “Agnus Dei” junto a Chris Brown, de Elevation Worship.

Smith dijo que durante esos días de grabación se vivió una unidad especial entre los artistas.

“No se trató de que alguien llegara, cantara y se fuera”, explicó. Según contó, todos permanecieron juntos, adorando, acompañándose y compartiendo un ambiente que lo conmovió profundamente.

Para él, muchas de esas canciones siguen vigentes porque superaron la prueba del tiempo. No fueron simplemente éxitos de una época, sino expresiones de adoración que ayudaron a millones de cristianos a poner palabras a su fe.

Smith cree que las nuevas generaciones deberían conocerlas.

“Creo que muchos de estos jóvenes líderes de alabanza y personas que adoran hoy en día no conocen muchas de esas canciones”, afirmó. “Y creo que deberían conocerlas”.

La humildad como protección

A pesar de su trayectoria, Smith afirma que con los años dejó de preocuparse por la opinión pública y aprendió a valorar más la humildad.

“Lo que buscas es guiar con humildad. Hay que tener un buen espíritu”, dijo.

Al mirar hacia atrás, reconoció que sus intenciones siempre fueron buenas, pero también admitió que es fácil distraerse con la atención y los aplausos.

“Te distraes con la atención y los aplausos, y a veces, simplemente, pierdes el rumbo”, reflexionó.

Por eso, antes de subir al escenario para dirigir adoración, Smith suele hacer tres oraciones: que Dios se agrade de lo que él dice, hace y canta; que sea revestido de humildad; y que sus motivaciones permanezcan puras.

El álbum que marcó un antes y un después

Smith identifica un punto de inflexión en su carrera con la grabación de “Worship”, el álbum en vivo lanzado el 11 de septiembre de 2001.

Ese proyecto incluyó canciones como “Agnus Dei”, “Above All”, “Breathe” y “Awesome God”, de Rich Mullins, y terminó convirtiéndose en el álbum más vendido de su carrera.

Smith recordó que, al bajar del escenario tras la grabación en Lakeland, Florida, él y los demás artistas lloraron detrás del escenario porque sintieron que algo había cambiado en la atmósfera.

Para él, esa experiencia demostró que la adoración no se trata solo de música bien ejecutada, sino de momentos donde Dios se manifiesta y toca profundamente a las personas.

Señales de avivamiento entre los jóvenes

Aunque advierte sobre los peligros de la fama, Smith también ve motivos de esperanza en la adoración contemporánea.

El músico afirma que percibe un mover real de Dios entre los jóvenes, especialmente dentro de la Generación Z.

“Ves a jóvenes adorando y llorando. Es algo sobrecogedor. Es hermoso de ver”, expresó.

Smith comparó lo que está observando con el Movimiento de Jesús de las décadas de 1960 y 1970, que impactó su propia adolescencia en Kenova, Virginia Occidental.

“Probablemente no haya visto nada igual desde los años 70”, dijo.

Según contó, aquel movimiento transformó su vida, y hoy cree que algo similar podría estar comenzando entre los jóvenes.

“Jóvenes Josués”

Smith mencionó como ejemplo al artista cristiano Forrest Frank, cuya música está alcanzando fuertemente a la Generación Z.

Después de asistir a uno de sus conciertos, Smith dijo sentirse impactado al ver a los jóvenes cantar cada palabra mientras Frank proclamaba abiertamente su fe en Cristo.

“Ver a Forrest ahí arriba compartiendo el Evangelio, sin avergonzarse, fue algo increíble”, afirmó.

Para Smith, artistas como Frank son “jóvenes Josués” que están causando un gran impacto espiritual en su generación.

El veterano músico cree que la Iglesia podría estar viendo al menos los comienzos de un avivamiento, y que ese mover todavía puede crecer mucho más.

Una familia de adoradores

Para Smith, “House of Worship” también fue una señal de lo que puede ocurrir cuando distintas generaciones de cristianos se reconocen como parte de una misma familia.

Durante la filmación, vio a líderes jóvenes agradecer a artistas veteranos por haber abierto camino, mientras los mayores animaban a la nueva generación a continuar la obra.

“Era una familia”, dijo. “Se respiraba mucho amor en el ambiente”.

Ese espíritu de unidad parece ser uno de los mensajes centrales del proyecto: la adoración no pertenece a una generación, un estilo musical o una plataforma. Pertenece a Dios.

Canciones para volver a la esperanza

Smith espera que quienes vean “House of Worship” encuentren esperanza, especialmente aquellos cristianos que se sienten agotados, heridos o espiritualmente secos.

También desea que personas que no conocen a Cristo puedan sentir convicción en su corazón y entregarle su vida a Jesús al escuchar esas canciones.

“Estas canciones están llenas de esperanza”, afirmó.

Después de más de 40 años de ministerio, Smith se muestra agradecido por el camino recorrido, pero también convencido de que aún hay mucho por delante.

“Creo que mis mejores días están por llegar”, dijo.

Su mensaje para los líderes de adoración, sin embargo, permanece claro: no se trata de fama, números ni reconocimiento.

La adoración verdadera comienza cuando el adorador deja de ocupar el centro, y Cristo vuelve a recibir toda la gloria.

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