Internacionales
EL FIN DEL MUNDO
Más cerca que nunca: el ‘reloj del apocalipsis’ lo sitúa a solo 85 segundos
El cronómetro del fin de los días es un mecanismo simbólico que utilizan como advertencia los integrantes del Boletín, un grupo de científicos gestado por Albert Einstein y Robert Oppenheimer con varios integrantes del Proyecto Manhattan (el que desarrolló las primeras armas nucleares). Desde hace 79 años, tras analizar el devenir del ejercicio anterior, ajustan las manecillas: en 1947, cuando se puso en hora por primera vez, la humanidad estaba a siete minutos de su medianoche. Desde entonces se ha adelantado 27 veces, incluida la de hoy.
El grupo del Boletín de Científicos Atómicos lo forman expertos de primer nivel, entre ellos varios premios Nobel. La intención es alertar a la población en general, a los responsables políticos y a los científicos de las amenazas para la humanidad y la necesidad de retrasar las manillas con la adopción de modelos de producción y vida menos dañinos para la sociedad y el planeta.
Esta eventual mejor expectativa de futuro se produjo en la década de los noventa, con la caída del bloque soviético y del Muro de Berlín, en 1991, cuando George Bush y Mijaíl Gorbachov firmaron el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas y el desarme atómico era posible; las manecillas se quedaron a 17 minutos de la medianoche, 7 minutos antes que el año anterior. Pero desde entonces, y con la salvedad de 2010, el reloj siempre se ha adelantado o, en el mejor de los casos, permanecido estático. En 2007, se incluyó el cambio climático como un peligro grave para la humanidad y ese factor no ha dejado en todos estos años de adelantar las agujas.
La hora actual, ante el abismo
A día de hoy la humanidad se acerca al abismo empujada, principalmente por el conflicto en Oriente Medio con Israel y la guerra en Ucrania, y más recientemente la deriva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, detonador de nuevos conflictos como la intervención militar en Venezuela y las amenazas a Groenlandia e Irán.
Con este escenario mundial, los responsables del Boletín de Científicos Atómicos, que ajustan cada año el simbólico Reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock), han situado este año el fin del mundo a solo 85 segundos, cuatro menos que el pasado año y más cerca que nunca del último instante del día final. Las razones tras losm eventos mencionados es la incapacidad de los políticos para atajar los desafíos armamentísticos, biológicos, ecológicos y los creados por la IA, como la desinformación.
Aunque el cálculo de los integrantes ha recibido críticas por considerar alarmista el modelo de tiempo elegido, la reducción de dimensiones a escalas más comprensibles, es una práctica habitual. El geólogo Don Eicher redujo 4.500 millones de años de la Tierra a tan solo uno, por lo que el imperio romano se sitúa a 10 segundos de nuestros días y la llegada de Cristóbal Colón a América a solo tres.
Razonamiento del adelanto del fin del mundo
“Hace un año, advertimos que el mundo estaba peligrosamente cerca de un desastre global y que cualquier retraso en la reversión [de la tendencia] aumentaba la probabilidad de catástrofe. En lugar de atender esta advertencia, Rusia, China, Estados Unidos y otros países importantes se han vuelto cada vez más agresivos, conflictivos y nacionalistas”. Esta actitud, a juicio del comité que regula el reloj del fin del mundo, “desmorona” los principios de cooperación ante las amenazas nucleares, el cambio climático, el mal uso de la biotecnología o las disfunciones de la inteligencia artificial. “Demasiados líderes se han vuelto complacientes e indiferentes, adoptando en muchos casos retóricas y políticas que aceleran, en lugar de mitigar, estos riesgos existenciales”, sostienen los científicos.
Daniel Holz, presidente del Boletín y profesor de Física, Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Chicago, insiste en este argumento: “Nadie evita la descontrolada carrera armamentística nuclear o el cambio climático. Los ataques al medio ambiente han escalado, el dióxido de carbono atmosférico y los niveles mundiales del mar han alcanzado máximos históricos y sequías, incendios, inundaciones y tormentas continúan intensificándose. Y esto solo empeorará”.
A esta lista de catástrofes, Holz añade las desviaciones en los desarrollos biotecnológicos y la inteligencia artificial. “Es una tecnología disruptiva significativa y acelerada, pero también está potenciando la desinformación, lo que hace aún más difícil abordarla”, argumenta.
Alexandra Bell, directora del Boletín amplía las responsabilidades: “Lo que hemos visto en todo el mundo es un fracaso flagrante en el liderazgo, sin importar el cambio gubernamental, una tendencia hacia el imperialismo y el enfoque orwelliano [control totalitario, vigilancia masiva, propaganda, manipulación y supresión de la libertad individual] de la gobernanza. Solo servirá para acercar el reloj a la medianoche”. “La magnitud de los problemas que enfrenta la gente día a día puede ser abrumadora, pero si nos equivocamos en estos problemas, nada más importará”, advierte Bell.
De esta crisis de liderazgo solo surge, a juicio del comité científico, una incapacidad de cooperación en asuntos fundamentales para la humanidad. Lo sostiene Jon Wolfstahl, integrante del comité científico y director de Riesgo Global en la Federación de Científicos Americanos (FAS). “[Trump y Putin] podrían ponerse de acuerdo mañana, podrían coger el teléfono y quedar políticamente de acuerdo en mantener o limitar el número de armas e intercambiar datos cada seis meses, como hicimos bajo el Tratado New START hasta que Rusia dejó de cumplir en 2023. Eso sería un requisito básico para avanzar en la dirección”.
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http://godsend.com.ar//noticia/internacionales/2026/02/01/el-fin-del-mundo/1894.html